La Ultima Cena, el mural pintado por Leonardo da Vinci, es considerado por los expertos en arte como el mejor ejemplo del estilo llamado del Alto Renacimiento, y está considerado como una de las obras de arte más famosas del mundo.
Sin embargo, la pintura, tal como la conocemos ahora, casi no tiene nada que ver con la que pintó realmente Leonardo. Esto se debe a la azarosa historia del mural, que relataremos aquí.
Leonardo pintó su obra maestra en uno de los muros del refectorio de un monasterio. El monasterio, ubicado en las afueras de Milán, era el de Santa María de las Gracias. Leonardo trabajó en él dos años, de 1495 a 1497. Ni la gente de su tiempo ni él mismo, parecía tener mucho aprecio por la obra, así que Leonardo se aburrió de ella y la dejó inconclusa.
Para 1517, el mural había sido ya seriamente dañado por la humedad y unos años más tarde el famoso historiador del arte, Vasani, escribió que ya era sólo "un conjunto de manchones sin forma alguna".
Para el siglo siguiente, los monjes que habitaban el monasterio habían perdido el respeto por el mural y habían hecho abrir una puerta a través de las piernas de Jesucristo.
La pintura continuó deteriorandose y en 1796, un grupo de soldados del ejército francés que había invadido Italia ocupó el monasterio y usó el viejo refectorio como caballeriza. En sus ratos de ocio, los soldados franceses se divertían arrojando dardos a la cabeza de Cristo.
Durante la segunda guerra mundial fueron apilados sacos de arena contra el mural, para protegerlo de los bombardeos aliados. Sin embargo, una bomba cayó directamente sobre el monasterio y demolió prácticamente el edificio. En forma casi milagrosa, el muro en el que estaba pintada
La Ultima Cena quedó intacto. La pintura que la gente ve actualmente es una obra de arte pero realmente es una restauración artística. De Leonardo sólo queda el contorno de las figuras y unas cuantas pinceladas.